La Máquina
con Pepe Conesa
Los protagonistas de la vida cultural y social de la Región de Murcia se dan cita, cada semana, en un viaje radiofónico apasionante de la mano de Pepe Conesa.
close
En cada vida hay una historia que merece ser contada, una historia hecha de recuerdos y emociones de tiempos que ya no volverán. Hoy te comparto la voz de Encarna, nacida en 1936 en Cehegín, España, una época en la que el país era completamente diferente al que conocemos hoy. Sin hospitales, los niños llegaban al mundo en el suelo, entre colchones de lana. Encarna nos abre las puertas de su memoria y nos lleva a un viaje por su infancia, un tiempo de trabajo desde muy niña, de los noviazgos vigilados por sus padres y de lutos estrictos.
Nacer en el suelo
Encarna recuerda cómo ni siquiera nacían en una cama. «Nací en el suelo, en una moa», comenta, un colchón lleno de borra o lana, cortesía de su abuelo, quien tenía ganado. La vida en aquel tiempo era simple y dura.
La infancia en la España rural
Encarna trabajaba siempre, aprendiendo de su madre a cocinar y realizar tareas mientras ella tejía sogas de cáñamo. La escuela estaba a dos kilómetros, y el miedo de su madre le impidió ir con regularidad. Su responsabilidad aumentó con la llegada de su hermanica, de quien debía cuidar mientras su madre trabajaba.
Las dificultades de la época
Había escasez y la fiscalía de Franco confiscaba el trigo y el aceite, obligando a su abuelo a esconderlos. Los lutos eran largos y estrictos, con personas vestidas de negro durante años. «Tres años estuve de luto por la muerte de mi madre», cuenta Encarna.
Aventuras juveniles y amores prohibidos
Encarna también relata sus rebeldías adolescentes, con su padre vigilante prohibiendo novios hasta que su pretendiente se atrevió a hablar con él. A pesar de las prohibiciones, Encarna escapó a un baile en Navidad, lo que llevó a su estricto padre a regañarla severamente.
Lecciones de vida
A pesar de las penurias y el control paternal, Encarna muestra un espíritu resiliente. Detalla cómo, tras una enfermedad grave, su padre cumplió una penitencia, cambiando desde entonces. En el centro de día Virgen de las Maravillas, en el que vive ahora, encuentra una nueva comunidad y felicidad, rompiendo con los años de soledad tras la muerte de su esposo.
El legado de Encarna
¿Qué deja Encarna como consejo para futuras generaciones? «Sean buenas personas y siempre vayan por el buen camino», aconseja. «Las buenas personas siempre salen adelante». Estos recuerdos y palabras de Encarna no sólo nos ofrecen un vistazo al pasado, sino que conllevan lecciones atemporales de resiliencia y honestidad, cualidades necesarias para afrontar los desafíos de todas las épocas.